Carlos Medinilla

Carlos Medinilla

Actualmente, vivo en Barcelona, pero nací y viví los primeros años de mi vida en Cádiz, lo cual, ha marcado mucho mi carácter, cuando escribo, incluso yo mismo me leo y me da la impresión de ser una persona seria, pero cuando hablo o imparto un taller, me nace de manera completamente natural ponerle a todo una pizca de humor. Con el tiempo, me di cuenta que el humor puede ser muy sanador, tanto para el que se comunica con humor como para el que lo escucha, además, es una potente herramienta didáctica, las personas suelen recordar mucho mejor las cosas cuando les haces reír.

Pero empecemos por el principio, mi entrada en mi actual reencarnación fue bastante apoteósica, en una regresión recordé cuando estaba en la barriga de mi madre, en donde ella me decía constantemente cosas como «vienes a un valle de lágrimas, aquí solo hay sufrimiento» (te habrás dado cuenta que mi madre no era life coach ni nada de eso, pero no pasa nada, ya se lo entregué al Espíritu Santo). A los 30 días de nacer, mi madre y su hermana entienden que voy a tener mucha mejor vida si mi tía me cuida, así que me llevan a casa de su hermana, dicho así, suena muy hermoso, pero te aseguro que pasar de estar en el Cielo (en la barriga de mi madre a salvo de ese valle de lágrimas que había fuera) a estar en una fría habitación lejos de mi madre con una desconocida, fue algo que me marcó profundamente, sin duda, una repetición exacta a cuando estábamos en el Cielo con Dios y, de repente, nos creímos que nos habíamos separado de Él.

Por lo demás, la historia de mi vida es probable que tenga cierto paralelismo con la tuya, desde que tengo uso de razón, me recuerdo a mi mismo en constante búsqueda espiritual, mis hermanos (biológicos) me comentaban que desde que era un niño ya les preguntaba por cosas del tipo «qué había después de la muerte» y recuerdo, también de niño, ver con sumo interés los programas de parapsicología de Jiménez del Oso y leer revistas de este misma temática (Más allá, Año Cero…)

A partir de la adolescencia, hice lo que la mayoría de las personas que están en este camino hace, es decir, empecé a crearme una especie de religión propia a base de intentar ensamblar diferentes piezas de espiritualidad, una mezcla de enseñanzas y pensamientos que unas veces se complementaban y otras veces sentía que se contradecían totalmente. Me pasaba algo y, al echar mano de la «espiritualidad» para transformarlo, me venían a la mente enseñanzas que había escuchado en talleres o que había leído (en libros o en memes de Facebook) de Confucio, Lao Tse, Buda, Wayne Dyer, Jodorowsky, el Dalai Lama e incluso de Bob Marley, todo esto, más que ayudarme, me dejaban muchas veces en una especie de limbo en donde no avanzaba hacia ningún lugar.

En el 2012, tras varios de años de prácticas budistas, me bautizo en esta disciplina espiritual, pero tras numerosos intentos fallidos de encontrar personas o grupos con quienes seguir avanzando, acabo abandonándolo. Al mismo tiempo, en esos momentos, personas muy cercanas empiezan a insistirme en que le eche un vistazo a un libro azúl llamado «Un curso de milagros», así que, abro la primera página, leo «no hay grados de dificultad en los milagros» y cierro el libro cuidadosamente, dejándolo en la estantería de donde lo cogí. No obstante, en 2015, ocurre algo que cambia el rumbo de mi vida para siempre, llega a mi casa un libro llamado «La Desaparición del Universo«, un libro en donde 2 maestros ascendidos explican de forma amena y divertida los principios básicos de UCDM… y yo siento que, después de miles de reencarnaciones buscando la Verdad, ya podía dejar de buscar, ya la había encontrado y estaba disponible para mi, ahí ¡ahora!

Aún y así, los primeros encuentros con la metafísica del curso me resultaron bastante duros, entre otras cosas, el curso me dice que «El mundo no existe» y yo digo ¡ostras! toda mi vida luchando denodadamente para hacer de éste un mundo mejor y ahora resulta que ¡¡No existe!!. De todas maneras, no me desanimo, con el paso del tiempo y con la ayuda del Espíritu Santo, acabó llegándome la ayuda y la información adecuada para que yo acabara de entender correctamente el mensaje y la práctica de UCDM.

Mi experiencia personal con UCDM es que, después de toda una vida en donde he tenido la oportunidad de aprender y practicar la espiritualidad con los mejores, no ha habido nunca nada que me haya proporcionado la paz, la seguridad y la integridad de UCDM.

Y aquí estoy ahora, poniendo mi cuerpo ilusorio a disposición del Espíritu Santo para poder extender el mensaje del Curso, a ser posible, con una pizca de humor.

Carlos Medinilla

Dolors Giménez

Vivo en Barcelona desde hace mucho, mucho tiempo.

Hace poco conocí a Carlos Medinilla y decidimos colaborar juntos en un proyecto común, difundir el mensaje de Un Curso de Milagros.

Os contaré brevemente cómo entró Un Curso de Milagros en mi vida.

Para las Navidades del año 2011, en una cena de madres del colegio de nuestros hijos, después de una velada agradable, una de ellas me comentó que en enero del 2012 iba a apuntarse a un curso llamado “Un Curso de Milagros” que lo impartía Enric Corbera, ella no sabía de qué iba, pero le “habían dicho” que estaba muy bien y yo ni conocía el curso, ni conocía a Enric… y ese nombre tan estrambótico… sonaba a iglesia y a religión, una atea como yo… pero ahora, viéndolo con perspectiva, me doy cuenta que ya estaba preparada para el mensaje.

Me impactó tanto, que cambió mi vida por completo. Entré de lleno en las enseñanzas del Curso.

Poco a poco todo iba tomando forma, encajando las piezas de un puzle que por separado no significan nada, pero todas juntas le dan significado.

Desde entonces he hecho un largo camino con el Curso, reconozco que me queda mucho camino por delante, pero mucho, pero ahora sé qué camino debo recorrer.