Este artículo es una traducción (lo más fidedigna posible) de la siguiente cuestión planteada al servicio de preguntas y respuestas de la Fundación para Un Curso de Milagros

Pregunta

Siento que tengo una buena comprensión de «Un Curso de Milagros». Cambió completamente mi forma de pensar. No obstante, tengo una sensación bastante frustrante. He aprendido cómo mirar al mundo, pero las cuestiones del mundo me siguen preocupando constantemente. Para mi, las preocupaciones relativas al dinero (cómo voy a pagar las facturas) son mi gran obstáculo.

¿En qué parte del Curso debo mirar para poder llegar a estar en paz con este problema? He invocado al Espíritu Santo con el objetivo de obtener alguna respuesta, pero la sigo esperando con impaciencia.

Quizá estoy demandando un asesoramiento que no viene al caso, en vez de hacer una pregunta más en línea con el Curso, no obstante, agradecería igualmente una respuesta.

Respuesta de la Fundación UCDM

Si has «aprendido a cómo mirar el mundo» sabes pues, al menos a nivel intelectual, que éste es «la imagen externa de una condición interna» (Texto: Capítulo 21: Introducción: Párrafo 1: línea 4). Jesús, por tanto, quiere que usemos nuestras experiencias y reacciones hacia el mundo, como una manera de entender qué pensamientos albergamos en nuestras mentes.

Si te estás preocupando por algo relacionado con el mundo, es porque hay un deseo en tu mente de que el mundo sea real y de que éste sea la causa de tu ausencia de paz

Albergas un pensamiento en tu mente que dice «No quiero volver a casa y estar con Dios; quiero ser un individuo independiente, pero no quiero hacerme responsable de la decisión que tomé de separarme de Dios». Las preocupaciones referentes al mundo sirven muy bien para este propósito, razón por la cual la Lección 5 dice «Nunca estoy disgustado por la razón que creo».

En lugar de ver en nuestras mentes el pecado y la culpa por haber destruido el amor para que pudiéramos experimentar nuestra propia existencia individual, lo que hacemos es negarlo, ya que, el ego nos asusta, haciéndonos creer que seremos aniquilados si hacemos esto. Entonces, lo proyectamos, y acabamos viéndonos a nosotros mismos como víctimas de todo tipo de cuestiones, como por ejemplo los problemas financieros. De esta manera, el problema ya no es nuestro sentimiento de culpa por separarnos y nuestro deseo de seguir separados, sino que la culpa se proyecta en algo externo a nosotros. La auto-acusación de ser culpable ha desaparecido de nuestra consciencia. De hecho, ni siquiera pensamos que tenemos una mente.

Así que, lo que sería de ayuda en tu caso, es que volvieras hacia atrás en tu preocupación, y como observador, intentes ver el problema como una cortina de humo que oculta el verdadero problema, que es la culpa que habita tu mente. No tienes que dejar de ocuparte del problema. Lo que necesitas es mirar directamente al propósito al que ese problema sirve, y entonces, pedir a Jesús o al Espíritu Santo que te ayude con ello.

Los problemas son defensas o cortinas de humo; representan la decisión de mantenernos alejados de nuestras mentes y de ser absorbidos por el mundo y por el cuerpo, de manera que nunca tomemos consciencia de que todas nuestras experiencias son efectos de decisiones que estamos tomando en nuestra mente, y de que estas decisiones las podemos cambiar. Y solo dos decisiones son posibles: reforzar la separación o deshacerla.

Finalmente, ten en cuenta siempre que nada en el mundo puede afectar a tu paz interior (que es una parte permanente de tu identidad), a menos que le des a una persona, o a una situación del mundo, el poder de arrebatártela. Eso no sería más un simple error que está abierto a una corrección instantánea pidiéndole a Jesús que te ayude a verlo de una manera diferente.

Espero que te haya sido útil. Si deseas recibir en tu mail los próximos contenidos o eventos, por favor, suscríbete a la newsletter