En este artículo te hablaré de lo que se esconde tras el perfeccionismo, y la diferencia entre éste y hacer las cosas con amor

Socialmente hablando, ser alguien perfeccionista está muy bien visto, y de hecho, es algo que se dice con orgullo, «es que yo soy muy perfeccionista», sin embargo, yo te propongo preguntarte por qué ¿Qué creencia te está llevando a esforzarte tanto para hacer algo tan supuestamente perfecto pero que nunca acaba de estar todo lo bien que tu querrías? ¿Por qué no soportas que algo esté simplemente muy bien sin ser perfecto? La respuesta está clarísima, te valoras a ti mismo no en función de quién eres (el Hijo de Dios) si no en función de aquello que haces y de la valoración que los demás hacen de eso que tu haces. En un acto de absoluta honestidad, y con el ánimo de retomar la consciencia de que tu valor ya es infinito, te recomiendo empezar a cambiar la frase «soy muy perfeccionista» por «tengo la auto-estima por los suelos y soy muy inseguro», básicamente, le has estado preguntando toda tu vida al ego ¿Quién soy y cuál es mi valor? y la respuesta del ego ha sido siempre en la línea que hemos mencionado «Tu no vales nada, y para que tu valgas algo tienes que esforzarte hasta la extenuación» esfuerzo el cual, por cierto, nunca es suficiente, siempre lo podrías haber hecho mejor, siempre podrías haberte esforzado aún más y siempre te queda la duda de si realmente has hecho todo lo que podías

El ego te exige que seas perfeccionista, de esta manera el autocastigo está asegurado, una muy buena manera de asegurarse el sufrimiento por sentir que «si no está perfecto debo castigarme por ello», debido a que en el mundo ilusorio no hay nada perfecto, simple y llanamente.

El perfeccionismo se puede manifestar en todas las áreas de tu vida: culpabilidad por no ser la madre perfecta, el trabajador perfecto, el amante perfecto, el hijo perfecto, el yerno perfecto…. y, por supuesto, otro de los ámbitos donde con más virulencia se puede presentar es en la propia práctica de UCDM «No soy constante con las lecciones», «llevo mucho tiempo estudiando el curso y aún todavía no soy capaz de perdonar esto», «cómo puedo haber pensado con tanta maldad sobre esa persona, yo, que digo a todo el mundo que soy estudiante de UCDM»

Ser exigente con uno mismo conlleva habitualmente tener ese mismo grado de exigencia con los demás, los demás deberían pensar, sentir y comportarse dentro de los estrechos márgenes que marca mi ego, pensar o comportarse de manera más laxa que yo está muy mal, es dejadez con respecto a un tema en concreto, y pensar de manera más contundente que yo sobre ese mismo tema es una radicalidad por parte del otro, que es un extremista. Otra manera excelente de perpetuar nuestro sufrimiento sin fin: «hasta que todas las personas del planeta no piensen y sean como yo, no habrá felicidad posible». Pero no solo podemos culpabilizar a ciertas personas por no ser perfectas, también puedes atacar las cosas materiales o abstractas, puedes recordarte lo mal que funciona tu lavadora, lo obsoleto que se ha quedado tu viejo móvil, lo cutre que es la ideología política contraria, lo poco evolucionado que están en un determinado país…

Todos estos sentimientos no hacen sino expandir una densa cortina de humo sobre el verdadero problema, el que se originó la primera vez que hicimos caso del ego cuando nos creímos que nos habíamos separado de Dios, ahí fue la primera vez que sentimos que no éramos perfectos, de hecho nos dejamos convencer por el ego y creímos que éramos miserables. ¿Sabes qué? el tema es que nunca nos separamos de Dios y que siempre hemos sido la más perfecta y gloriosa de sus creaciones, tu perfección es inmutable y no existe ninguna cosa que pueda hacer cambiar esto, ríndete a la verdad y recuérdatelo cada segundo de tu vida, puedes recordártelo de la manera que prefieras, yo te propongo hacerlo así:

Haz algo que tu ego considere que no puedes dejar de hacer con absolutamente perfección y hazlo fatal (siempre y cuando no te hagas daño ni a ti ni a nadie, se entiende), he aquí algunos ejemplos:
· Deja tu casa más sucia de lo normal unos cuantos días

· Siempre y cuando no pongas en peligro tu salud, te propongo que comas algo que normalmente te haga sentir muy culpable

· Haz una tarta incomestible y antiestética, le haces una foto y presume de ella en Instagram

· Haz en Facebook comentarios completamente absurdos que no aporten absolutamente nada, que no sean inteligentes, ni graciosos ni nada por estilo.

Estos son solo ideas, la idea es que busques aquello que pone en jaque a tu ego.

Una vez hayas hecho una o varias cosas fatal (según tu ego), el siguiente paso es celebrar que en realidad, eres perfecto, hazlo igualmente de una manera que sea significativa para ti, estos son algunas ideas:

· Dite constantemente en voz alta «soy la más perfecta expresión de la divinidad»

· Construye un altar y pon tu foto en medio

· Llena una habitación de frases que te recuerden constantemente quién eres. Las frases pueden estar en cartulinas o en cualquier otro material en donde se pueda leer bien grande alguna frase del tipo: Soy la más perfecta, bondadosa y luminosa creación de Dios

· Coge una canción que te guste y cambiale la letra para que el mensaje de la canción sea ahora que: «Soy eternamente perfecta»

Mola ¿verdad?

Vale, y después del subidón, seguramente estarás pensando si a partir de ahora podrás hacerlo todo fatal en tu día a día en el mundo ilusorio porque, total, en realidad, ya somos perfectos ¿qué más da sin los informes que presento en el trabajo son pésimos o si atiendo con desgana a mis clientes?

Hacer muy mal tu trabajo a partir de ahora no te haría más perfecto, ni más consciente, de hecho, lo que hagamos no influye en nada en nuestra valía. La propuesta es que, a partir de ahora, en vez de hacer las cosas lo más perfectamente posible por miedo a no valer nada, pasa a hacerlas lo mejor posible desde la tranquilidad de que tu valía no está en juego, desde esa paz, podrás plantearte hacer las cosas con disfrute y con amor, se trataría de poner en práctica una nueva actitud, que busque gozar y sentirte libre de juicios, desde ahí, te aseguro que te sentirás mejor y el resultado, paradójicamente, sea mejor a los ojos de los otros.

Artículo inspirado por Ken Wapnick, el primer maestro de UCDM

Por cierto, verás que el artículo tiene faltas de ortografía y cosas que podrían estar mejor expresadas, lo sé, pero es que este es mi ejercicio para practicar y recordarme que ya soy perfecto (aunque algún artículo mío tenga errores)

Espero que te haya sido útil. Si deseas recibir en tu mail los próximos contenidos o eventos, por favor, suscríbete a la newsletter